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BEBÍA TODO EL AÑO



El alcoholismo llevó a José Gonçalves de Pontes al juego de azar y al crimen


O'hara Santos

 
“Evite la resaca, manténgase borracho”. La frase popular utilizada por los amantes bohemios fue casi un mantra para José Gonçalves de Pontes, de 55 años. “Ese era el dilema de los que andaban a diario en las calles de Río de Janeiro”, recuerda él, que bebía todo el año. “Una vez, le dije a mi esposa: voy a tomar y volveré enseguida para almorzar. Era lunes y solo volví el miércoles”, recuerda.
“Evite la resaca, manténgase borracho”. La frase popular utilizada por los amantes bohemios fue casi un mantra para José Gonçalves de Pontes, de 55 años. “Ese era el dilema de los que andaban a diario en las calles de Río de Janeiro”, recuerda él, que bebía todo el año. “Una vez, le dije a mi esposa: voy a tomar y volveré enseguida para almorzar. Era lunes y solo volví el miércoles”, recuerda.

José quería deshacerse de esta dependencia, pero no podía soportar la crisis de abstinencia. “Mis amigos me llamaban para beber, y la última copa nunca era una sola”.

La embriaguez lo volvió agresivo. “Mi mamá se separó de mi padre y se vino a vivir a Río. Quería matar al hombre del cual se enamoró y casi le quité la vida a ella arrastrándola del cabello”, confiesa él. Tal atrocidad fue impedida gracias a la intervención divina. “Dios tocó mi corazón y dijo: ‘¡Es tu mamá!’. Fue entonces cuando la dejé”, revela.

“Un difunto no paga nada a nadie”

Para empeorar las cosas, José se involucró en el juego de azar. “Aposté varias veces en las máquinas tragamonedas. Lo perdí todo, incluida una empresa de confecciones de ropa y un carro. Estaba endeudado con los prestamistas y los acreedores tocaban mi puerta”, dice. No le tenía miedo a la muerte. “Salía con el carro y conducía a 120 km/h. Solo pensaba: voy a provocar un accidente, porque difunto no paga nada a nadie”.
Los pensamientos y actos dañinos continuaron, de modo que comenzó a cometer crímenes. “Empecé a recibir cargamento robado. Es una experiencia que no deseo para nadie, porque la paga del pecado es la muerte”, explica, refiriéndose al texto bíblico de Romanos 6:23.

Moriría si no fuera por las misericordias del Creador. “Un día, escuché un mensaje de un hombre en la televisión. Era el pastor Rogério Postigo. Anunció la dirección de la Iglesia Internacional de la Gracia de Dios y allí fui liberado”, afirma.

La restitución

José está agradecido al Altísimo por el apoyo que recibió en la Iglesia. “Doy gracias a Dios, a mi familia y a los colaboradores que me recibieron. La caída fue grande, pero el Señor me restauró”, destaca él, quien montó una nueva empresa y, en sus horas libres, ayuda a los que vienen a la IIGD desesperados.

Foto: Arquivo pessoal
Foto: Arquivo pessoal


Maria da Conceição Menezes do Nascimento, de 57 años, esposa de José Gonçalves, es testigo ocular de su transformación. “Pasamos tiempos difíciles, pero el Señor nos rescató”.

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