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Prosperidad

Editorial – 17
1 de noviembre de 2020
En la escuela del Espíritu Santo – 17
1 de noviembre de 2020
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Vanda, no templo da Igreja da Graça – Foto: Divulgação

“EL DIOS DE LO IMPOSIBLE”

Afectada por la parálisis de sus actividades profesionales en la pandemia, Vanda encontró en la fidelidad al Señor la base para superar la crisis

La pandemia del covid-19 no solo ha afectado la salud de miles de brasileños. Para muchas personas, la crisis sanitaria, con la consecuente paralización de varias actividades económicas, representó una ruina económica, en particular, para los profesionales autónomos, que no cuentan con garantías salariales y de seguridad social. Solo con trabajo duro, esperanza y fe ha sido posible ensayar una recuperación. Así ocurrió con la depiladora Maria Vanda Pereira Basílio, de 54 años, de Río de Janeiro. De la noche a la mañana, se encontró sin ingresos. “Las personas tenían miedo a la enfermedad y desaparecieron”, explica. “Trabajo desde hace más de 35 años y vi que mis clientes me abandonaban. Nadie esperaba tal cosa. Cuando comenzó la pandemia, detuve mis actividades y las facturas se acumularon; fue entonces cuando usé la fe”, recuerda.

La depiladora, en su trabajo: confianza en la provisión divina – Foto: Divulgación

A Vanda le resultó fácil confiar en la provisión divina, ya que siempre creyó en la fidelidad de Dios a las promesas bíblicas. “No me muevo por lo que veo, sino por lo que creo”, recita, convencida. “Le hablé al Señor que necesitaba una puerta abierta para poder honrar mis compromisos, además de los votos hechos en la iglesia” –entre ellos, los diezmos y las ofrendas, que ha entregado desde que ingresó en la Iglesia de la Gracia hace 14 años–. Ella es muy activa en el templo, donde trabaja en el ministerio de niños.

Junto a su esposo Carlos y su hija Gabriella: Para Vanda, aprender de la Palabra de Dios es fundamental – Foto: Divulgación

Según Vanda, un milagro comenzó a surgir: “El Señor ha usado enormemente la vida de mis clientes para ayudarme. Él abrió las puertas de par en par”, bromea. Ahora, la profesional tiene más confianza. “Dios suplió mis necesidades mucho más de lo que pensaba”. Para el futuro, planea dedicarse al trabajo y a la familia –Vanda está casada con Carlos y tiene una hija, Gabriella, de 26 años– y, por supuesto, permanecer fiel en sus contribuciones a la obra del Señor. “Creo en el Dios de lo imposible”, concluye. 


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